CRÓNICA DE LA MARCHA
Reunión
y salida: Angelines y Ángel llegan a la Plaza de Castillas
a las 10:00. No hay nadie.
Angel
tiene un pálpito e indaga en el hotel. ¡Allí estaban
dopándose: JuanMa con café y Freddy con aguardiente! Ya
reunidos en la acera, llega al instante Jorge, abrazos efusivos, y al
poco Paca, que se ha puesto a régimen pero no ha perdido su sonrisa
y afabilidad habitual. No hemos acabado de hacernos las preguntas de
rigor cuando aparecen Óscar y Chus, nueva en la plaza y con un
atuendo de pijama y botines que nos deja perplejos, pero como somos
gente educada no decimos nada. Estábamos en esto, cuando aparece
Juana, esta vez sin crema pero igual de cariñosa. Reparte limpios
besos para todos.
Viaje de ida: a las 10:15 decidimos partir. JuanMa
y Freddy salen escopetados. ¡Cómo se nota el aporte nutricional
extra! Chus pide seguir a alguien, ante lo que Ángel le deja
su coche a Jorge. No es su fuerte ir esperando a alguien por la carretera.
Ante de meternos en el carril central de la Castellana ya se ha perdido
Chus. ¡Mal color tiene la cosa! Jorge aparta el coche y esperamos.
A los pocos minutos llega Chus con un pasajero adicional: Rosa, que
acababa de llegar con la lengua fuera. La carretera la encontramos cargada
de tráfico pero sin retenciones. Nos desviamos a Torrelaguna
y Cubillo de Uceda, donde acabamos en las eras. Angelines y Paca, algo
distraídas, no aprovechan el momento de desconcierto de Jorge
y Ángel. Rectificamos y seguimos hasta la Puebla de Beleña,
donde finalizamos en un camino a ninguna parte. Media vuelta. A los
pocos minutos llegamos a Tamajón sin mayores incidencias y nuevos
extravíos. Una vez aparcados, el problema es dilucidar entre
los bares El Frenazo y La Parada. Gana el primero. Desayunos y cafés
varios. Preguntamos por el cementerio del pueblo. No es que se hubiese
muerto nadie todavía, era que la marcha empezaba en sus inmediaciones.
Ruta: después de algún titubeo inicial,
en seguida cogemos la pista que nos aleja del pueblo y sus últimos
corrales. A los pocos minutos, estamos en completa soledad. JuanMa y
Freddy empiezan a un fuerte ritmo que nadie puede seguir. Los demás
van caminando a su aire, en animada charla. Jorge y Paca comienzan a
retrasarse. El resto van intercalándose y conversando unos con
otros. Chus aclara a Ángel que lo que viste no es un pijama sino
un chándal ligero y original. Óscar muy bien en su habitual
papel de reportero gráfico. Juana disertando sobre los beneficios
físicos y anímicos de salir al campo. ¡Qué
tranquilidad da llevar un medico cerca! Hacemos una parada para unificar
al personal. Descubrimos el secreto de Freddy: de su cuello cuelga,
suspendido de un elegante cordón, el tubo de pegamento que le
está dando la vitalidad necesaria. ¡Así cualquiera!
Paca empieza a estar un poco congestionada y saturada, aunque no queda
claro si es por la marcha o la inagotable charla de Jorge.
El
camino empieza a descender suave e ininterrumpidamente hasta Retiendas,
discurriendo por el fondo de una verde y frondosa vaguada paralelamente
a un riachuelo. La pista tiene barro en algunos tramos que vadeamos
como mayor o menor éxito, pero sin preocuparnos en exceso de
ello. Definitivamente, JuanMa y Freddy se ha escapado por delante. Los
demás hacen una parada en la entrada del pueblo, para admirar
el entorno y los desprendimientos de tierra que el agua ha producido
en los terrenos arcillosos de los montes próximos, detenidos
parcialmente por la presencia de pinos reforestados. Claramente recuerdan
a Las Médulas del Bierzo leonés.
Atravesamos Retiendas y encontramos a JuanMa y Freddy esperando en el
desvío del camino que lleva a las ruinas del Monasterio de Bonaval.
Atacamos el último tramo con ganas de llegar pronto. La pista,
ahora ancha y más transitada, mantiene un constante y sinuoso
descenso. Los tramos en zonas de umbría están muy embarrados
y con restos de hielo. Freddy, JuanMa y Ángel llegan los primeros
destacados al Monasterio y siguen unos metros más hasta alcanzar
el río Jarama.
A través de las vigas metálicas longitudinales que un
día sostuvieron los travesaños de madera de un puente,
Ángel pasa hasta un islote de piedra aislado en medio del río.
Se acomoda y comienza a comer nueces a la espera de la llegada de los
demás. A pesar de los reiterados llamamientos y muestras de aliento,
nadie más se atreve a pasar al islote. Ángel ve frustrada
su idea de comer en medio del río, alejados de todos. Definitivamente,
tiene que deshacer el camino sobre las vigas, ante la mirada expectante
de los demás y, por qué no decirlo, alguna maliciosa que
esperan ver su caída al agua. Se quedan con las ganas.
La mayoría decide acomodarse en un prado próximo a comer,
donde una pareja está celebrando su particular San Calentín.
Les jodemos la intimidad y ella, para aumentar el mosqueo de él,
empieza a estar más atenta de las paridas que dicen sus vecinos
que de su encelado acompañante.
Surgen de las mochilas estupendas pitanzas, sin faltar la tortilla de
Juana, la ensalada de castigo, perdón de régimen, de Paca
y el vino de Rosa. Se hacen los intercambios habituales de viandas.
Se desata una amplia dialéctica sobre el tema nacional: ¡la
dichosa boda! Hay mayoría de voces republicanas, ante lo que
los partidarios o simpatizantes de la boda recogen velas y todos, por
la tácita, cambian de tema. Después de un rato de solaz
y amago de siesta, se reinicia la marcha. El regreso se hace rápido.
En seguida se alcanza Retiendas donde, excepto Jorge y Paca que siguen
camino, se para a tomar café.
Una vez de nuevo en la vaguada, el ritmo es vivo pero cómodo.
Al rato, el grupo alcanza a Jorge y Paca. Todos agrupados caminan un
tramo hasta el inicio de la pendiente que remonta la vereda, que sólo
JuanMa y Ángel aguantan sin problemas. Freddy, ya sin pegamento,
se rezaga.
En un cruce de caminos se hace un alto para reagrupar. El personal va
llegando paulatinamente con distintos modos de jadeo respiratorio y
de tonalidades de rojo en la cara. El tramo final se hace todos juntos
hasta llegar al final de Tamajón, donde están ubicados
el pilón y la iglesia.
Postmarcha: procedemos a cambiarnos de botas y a arrellanarnos
en unas sillas y mesas del mismo bar de la mañana. Corren los
gin-tonics, cervezas, refrescos y demás líquidos miscibles.
Todos dicen estar satisfechos de la marcha, tanto del entorno como de
su desarrollado, excepto Rosa que comenta que no le ha gustado la zona.
El dueño del bar, que debería llamarse El Patinazo en
lugar de El Frenazo, demuestra no ser muy amable, porque no creo que
nos vea mucho más por allí.
Viaje de regreso: salimos de Tamajón sobre las
18:30 horas. Regreso sin mayores relevancias, aparte de alguna retención
a la altura de Guadalix de la Sierra. Viaje amenizado por la charleta
continua y animada de Jorge. Jorge y Freddy comentan las muchas rutas
que conocen y la posibilidad de organizar alguna en primavera, ante
lo que Angel comenta eso que ha oído decir a los homosexuales
cuando les mandan a tomar por el culo: “Menos consejos y más
direcciones”, pues eso, menos explicaciones y más organización,
que siempre le toca al mismo. Llegamos un poco antes de las 20:00 a
la Plaza de Castilla. Despedidas cordiales.
En definitiva, una soleada y agradable jornada de campo. Pocas veces
se pillan días así en pleno invierno. Una pena para los
que les ha podido la vagancia.
¡Salud y República pa’ tos’!
Ángel