CRÓNICA
DE LA MARCHA
Reunión
y salida: el viernes previo, mensaje de Almudena anunciado su incomparecencia
a la caminata por tener que trabajar el sábado. Angelines y Ángel
llegan al Plaza Castilla a las 09:50 horas. Mensaje de Mati anunciando
que le ha salido en el pié algo que suena a mariposa. ¡Exótica
que es la niña! Llega Edelio y al instante Mari Cruz -con el
brazo derecho en cabestrillo- y JuanMa. Al poco aparece Marga. Llamada
de Ofelia anunciando que en ese instante toma un taxi. Llamada a Nines
y Freddy requiriendo su posición: que están llegando.
A Ángel, con su mal carácter habitual, se le tuerce el
morro ante tanto retraso. Para completar la escena oye alguna crítica
velada sobre la repetición de alguna marcha. Cae en estado de
autismo. Llegan los rezagados. Elección de coches.
Viaje de ida: salimos a la escandalosa hora de las 10:45, 30 minutos
más tarde que lo habitual. Recorrido rápido y sin tráfico.
Llegada a El Cuadrón. Confirmamos a la señora del bar,
donde hemos encargado un guiso de costillas con patatas, nuestra presencia
a las 15:30 horas para dar cuenta de él. Café y vinos
varios. Seguimos para Garganta de los Montes. Alguno/a compra pan y/o
agua. Cambio de botas y calcetines. Inicio de caminar a las 12:15 horas.
Ruta: salimos del pueblo por la empinada calle Cuesta de las Cruces,
idónea para una representación de Semana Santa con caída
incluida. Inmediatamente, cogemos una pista por un terreno despejado
que va tomando altura suavemente. Empieza el ritmo goma, ese que los
africanos imponen en las carreras de fondo: Ángel va delante
silencioso; unos cuantos metros más atrás JuanMa meditabundo;
más retrasados Edelio, Mari Cruz y Ofelia en animada charleta;
más atrás todavía Angelines, Marga, Freddy y Nines
con paso cansino. Al rato: JuanMa y Ángel delante comentando
la maravilla de primavera que nos ha tocado este año; seguidamente
Edelio y Angelines soltando risotadas; más retrasada Mari Cruz
y Marga en plan secretitos; para cerrar Ofelia y Nines y Freddy arrastrando
los pies. Primera parada técnica en unas rocas, donde a sus pies
aparece un champiñón salvaje del tamaño de una
cagada de vaca, que produce la admiración de todos. Alguien pregunta
si se podría hacer una tortilla con él. Ofelia y Ángel
dan recetas alternativas. Se opta por dejarlo donde está.
Reiniciamos la marcha por el último repecho que lleva hasta el
Alto de El Cuadrón. Vamos llegando cada uno cuando y como puede.
Nines llega la última con una cara entre fatigada y cabreada.
Zaragoza y el AVE van a acabar con ella. Nos instalamos al pie de la
torre de vigilancia de incendios, ahora vallado para impedir el acceso.
Hermosas vistas sobre la parte baja del Valle del Lozoya, Buitrago y
la Sierra Pobre, por un lado, y sobre el Mondalindo y Somosierra, por
el otro. Ángel empieza a pertrechar una idea, con algún
atisbo de perversidad. Nos metemos un pequeño refrigerio.
Deshacemos el último tramo hasta tomar una pista que se adentra
en el bosque cambiando de vertiente. Al poco, empiezan las hermosas
vistas de la cara norte de la Cabrera, dificultadas por la presencia
continua de árboles. Angelines, Edelio y Ángel, en ese
momento, comprenden la injusticia histórica que se ha venido
cometiendo con el Conde Duque de Olivares cuando dijo aquello de “los
árboles no nos dejaban ver el bosque”. ¡Qué
razón tenía ese hombre! Sin duda, la historia se repite.
Ahora nosotros no podíamos ver bien la Cabrera por los árboles.
Meditamos la solución. Después de un largo análisis,
decidimos que lo mejor era pegarles fuego, lo que permitiría
despejar el paisaje y las vistas. Acordamos mandar la propuesta formal
a la Comunidad de Madrid. Como dice Bush: ¡sólo esperamos
la victoria! Incompresiblemente, JuanMa parece desmarcarse de esta solución.
Llegamos al final de la senda, justo en el punto donde se vuelve a la
vertiente de Garganta de los Montes. Hacemos una parada para reunir
a la basca. Avistamos a Marga y Mari Cruz, que parece que la lesión
del brazo no le ha afectado a la lengua. Jorge ha encontrado digo sucesor.
Al rato llegan Ofelia, Nines y Freddy con ritmo cansino, o mejor sería
decir que sin ningún ritmo. Tomamos aire, damos un par de resuellos
y pasamos al valle original. Iniciamos el regreso hacia Garganta de
los Montes siguiendo una cómoda pista forestal que bordea el
bosque de coníferas desplegado en la falda del majestuoso pico
del Mondalindo. Angel siente como la testosterona pierde consistencia
en su interior. No acaba de adivinar la causa de esta disfunción.
La pista desciende suavemente describiendo ligeras curvas que permiten
cambiar las perspectivas el mismo paisaje y ameniza el caminar parsimonioso
del grupo. Nadie se mata a caminar.
De repente, en un giro brusco de una amplia curva, Angel tiene una visión
que le ilumina: el cortafuego asesino que permite subir al cordal que
lleva a la cima del Mondalindo. Siente como le aflora su parte más
femenina, y en este caso premenstrual para acentuar las cosas. No hay
duda: ¡la próxima marcha será la subida al Mondalindo!
Sí, sí, esa caminata en la que Zahíra perdió
las uñas de los dedos gordos de los pies, hace unos 4 años.
Millán no pudo completarla por llevar a su santa de regreso al
bar que hacía las veces de campamento base. Es de justicia darle
otra posibilidad para completar la ruta.
Hacemos una sentada no muy larga el los riscos de Matalapeña,
y aceleramos un poco el regreso a Garganta de los Montes. Freddy propone
que vallamos a comer un filete con patatas a cualquier bar o mejora
aún a un burger. No encuentra eco. Completamos el último
tramo, el menos interesante, con distintos ritmos que atomiza y dispersa
el grupo. El calor empieza a notarse.
Postmarcha: llegada escalonada de vuelta a Garganta de los Montes a
las 15:15 horas. De cabeza al bar más próximo. Corre la
cerveza y el tinto de verano por doquier. ¡No vaya a ser que nos
deshidratemos! Al rato, el personal empieza a reaccionar y a dar muestra
de que existe. Salimos para El Cuadrón. Llegada a las 15:45 a
mesa puesta. Almudena nos recibe con cierta inquina: ha trabajado esa
mañana y tiene hambre. Es la primera que toma sitio. Los demás
la imitamos.
El guiso de patatas con costillas estaba muy bueno, pero, confirmando
los augurios de Mari Cruz y JuanMa, la señora no es muy generosa.
No pasamos hambre, pero no sobró ni un ápice, que resulta
extraño en un pueblo. Comenzaron las copas, otras intendencias
y las risas. Freddy impresiona a Almudena con su gracejo habitual. Mari
Cruz y JuanMa, después de tomar un rato el sol como los lagartos,
se marchan para Madrid. Gente inteligente y previsora. Los demás
continuamos intoxicándonos etílicamente. Se transija güisqui
y ginebra a raudales. Alguien propone seguir tomándola en Madrid.
Hay varias propuestas. Triunfa la de Edelio: Taberna Emilio en la Prope.
Viaje de regreso: nos repartimos en los coches como pudimos y entendimos.
Milagrosamente, el camino de regreso transcurrió sin problemas
y sin control de alcoholemia. Si nos pillan, la próxima marcha
la hubiésemos hecho en tren. Llegada al punto de concentración:
cerrado y en su lugar encontramos a Candi, que venía de caminar
con los de Tierra de Fuego. Repuestos de la impresión que nos
produce tanta profesionalidad, hacemos como que no nos importa. Freddy
propone ir a una cervecería de su barrio, cerca de allí.
No hay contrapropuestas.
Literalmente nos encharcamos en cerveza. Una vez Almudena había
quedado ya anonadada, Freddy impresiona a Candi con su gracejo habitual.
Edelio y Angelines, estrechamente enlazados uno al otro, recuerdan lo
mucho que se quieren y respetan. Renuevan votos eternos de admiración
y cariño. Los demás, embargados de la emoción,
nos enjugamos las lágrimas y pedimos otro charco de cerveza.
Marga, ante los visos que está tomando el asunto, saca su mejor
capote y se despide por lo natural y con la izquierda. Almudena, siempre
con una apretada agenda y sintiéndose menoscabada por Freddy,
se va de copas con otros. Los camareros empiezan a poner cara de estar
hartos de algún grupo de borrachos. No acertamos a adivinar de
cuál. Angelines le pide a Ángel que la lleve a casa, que
algo importante la está esperando. Se despiden con la mayor dignidad
posible dadas las circunstancias.
A partir de ahí, esta crónica sólo se puede escribir
por referencias de terceros, pero según información que
ha llegado a este cronista, que por tanto no puede validar y no hace
propia, cuando los del bar consiguieron echar a los últimos supervivientes:
Edelio, Ofelia, Candi, Freddy y Nines, decidieron irse a casa del primero.
Parece ser que, aparte de beberse hasta el agua de los floreros, con
la venta de las botellas que dejaron en el contenedor han financiado
el ala de prematuros del Hospital Infantil de Malawi. Gallardón
está buscando a los autores de tamaña hazaña para
darles la medalla al merito de la Comunidad y, de paso, hacerse la foto
de rigor. La Trini le acusa de electoralismo.
En fin, que hicimos lo que pudimos para pasárnoslo bien. ¡La
vida qué es muy dura!
Besos para ellas, abrazos para ellos.
Ángel