Reunión y salida: cuando llegué a la Plaza Castilla con
Angelines ya estaban Freddy, Nines, Yuli y su retoño Alberto
(grande y nuevo en la plaza). Antes de que ni siquiera pudiéramos
olernos llegaron Óscar y María José (nueva en la
plaza). Al momento de darnos la vuelta aparecen Mari Cruz, JuanMa y
Fe (sin Esperanza ni Caridad, pero nueva en la plaza), para inmediatamente
avistar a Rosa y Mercedes (también nueva en la plaza).
No nos habíamos recuperado del empacho de nombres novedosos cuando
aparecen, cada uno por su lado, Almudena, Millán y ....¡Jorge!
Atónitos, aún sin digerir tanto saludo y beso, y tratando
de resolver el reparto de coches, Mari Cruz se descuelga con que Joaquín
(nuevo en el asunto) espera en la gasolinera de Algete. ¡Total
17! Solución: 5 coches y nos vemos en Prádena del Rincón.
Salimos a las 10:20 horas.
Viaje de ida: algo de retención a la altura de Alcobendas. Conducción
rápida y eficaz, aunque recibe alguna queja injustificada procedente
de la parte trasera del coche. Llegada escalonada al bar de siempre
en Prádena del Rincón. Los primeros que llegamos empezamos
con la carne adobada a la plancha y el Rioja. Los demás que van
acudiendo se tiran también a por las pitanzas varias que ofrece
el bar, que dicho sea de paso hizo el agosto con nosotros. Bien avituallados
y confortados salimos para el puerto del Cardoso, atravesando Montejo
de la Sierra. Algún coche se extravía por el camino. Al
fin estamos todos. Cambio de botas y calcetines. Inicio de caminar a
las 13:00 horas.
Ruta: para empezar un tramo rompe piernas y primeras quejas de Fe y
María José. Los demás no dicen nada, algunos porque
no podían. Parada para reunir el ganado y dar el primer resuello.
Tramo de cruzar matojo, pinos y búsqueda del cordal. Se ha completado
el primer km. Segunda parada en un promontorio tipo repisa para ver
el paisaje.
Se oyen los primeros ¡oh qué bonito! Para completar el
cuadro: cielo azul limpio y sol radiante. Aire sin un atisbo de contaminación.
¿Ruido? Sólo el run-run de la imparable conversación
de Jorge, con esa rara habilidad que le caracteriza de utilizar un pulmón
para respirar y el otro para hablar. No fuma porque no tiene un tercero.
Seguimos por un largo tramo de unos 2 km. con ondulaciones del terreno
suaves, lleno de rocas en forma de lajas volcánicas o escamas
de animal jurásico. Hermosas vistas a ambos lados del cordal.
Parada en un llano entarimado tipo escenario de teatro. Llegada sucesiva
y paulatina del personal. Caras de todos los colores y expresiones.
Preguntas de rigor: ¿Falta mucho? ¿Cuándo comemos?
¿Hemos llegado a la mitad? ¿Hay que seguir subiendo? ….
Atacamos el último kilómetro de ascenso hasta el Pico
del Bañaderos. La columna humana se estira como el chicle. Oigo
alguna queja sin fundamento, a las que no doy crédito porque
las supongo causadas por la falta de riego en el cerebro debido a algún
exceso de la noche anterior. Coronamos la cumbre. La llegada escalonada
del personal es digna de un programa de cámara oculta.
Magníficas vistas, sobresaliendo majestuosamente el Ocejón
en la lontananza y coquetamente Peñalacabra a medio término.
Todo el mundo celebra y se felicita haber llegado allí. Empieza
el baile de quitarse ropa (la de abrigo se entiende). Salen todo tipo
de manjares de los morrales del personal. El homenaje que nos damos
es de escándalo. Algunas perjuran que volverán a sus regímenes
después de esto, pero hoy ¡que les den!
Nadie quiere moverse y cada cual empieza con sus perversiones: Rosa
toma el sol en los pies, Freddy desaparece, Fe nos inicia en el Yoga,
Jorge se sube al púlpito, Nines nos escandaliza con lo que le
hacen en el trabajo, Mari Cruz recuerda a Ángel una anécdota
relacionada con el alcohol, el sueño y los calzoncillos …
A las 17:00 horas damos por finalizada la parada y fonda, e iniciamos
el regreso. Primer tramo de descenso abrupto hasta el puerto de La Hiruela.
Caminar elegante de Fe, mismamente de pasarela. Alcanzamos la carretera
y 200 m. más allá cogemos la pista forestal de regreso.
Paso alegre, que se va acelerando a la medida que se intuye el final,
al estilo de cuando los mulos huelen el establo. No hay quien los refrene.
Postmarcha: llegada paulatina al punto de inicio. Cambio de calcetines
y botas. Se decide ir al bar-restaurante ubicado en el robledal próximo.
Copamos todas las mesas y bancadas de la terraza. Acabamos con el Gordons,
acabamos con el Tanqueray, acabamos con el Beefeater y casi con los
limones y los aperitivos. Nines reparte las hojas de apoyo a la cruzada
numantina iniciada por los vecinos de Las Vistillas-San Francisco el
Grande contra la última cacicada del sátrapa del casi
ex-alcalde de Madrid. Obtiene la adhesión inquebrantable del
personal. Angelines aprovecha la ocasión para recordarle a Jorge
que le debe un polvo. Empiezan las celebraciones y los deseos de repetir
la experiencia. Momento que se considera oportuno para dar por finalizada
la sentada. Todos prometen volver. Abrazos, besos sin lengua y deseos
de reencuentro.
Viaje de regreso: desbandada de coches. Algunos se confunden hasta de
carretera. Propuesta de ver anochecer en la Sierra. Las obligaciones
de Jorge no lo permiten hoy, pero se promete para otra ocasión.
Algo menos tráfico que por la mañana. Llegada a Plaza
Castilla a las 21:00 horas. Atravieso la Castellana justo cuando sale
la gente del campo del Madrid. ¡Me sigue sin entusiasmar el fútbol!
¿Cómo se os ha quedado el careto a aquellos que no vinisteis?
Hay que sacarle todo el jugo posible a estos días.
Besos para ellas, abrazos para ellos.
Ángel